
La iniciativa se desarrolla junto a comunidades originarias y campesinas en Santa Fe, Chaco, Santiago del Estero, Jujuy y Salta. La cosecha de las chauchas de algarrobo se realiza manualmente en tierras propias, y se implementa un sistema de trazabilidad que permite registrar el origen de la materia prima. Además, se están ingresando semillas al Banco de Germoplasma de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, utilizadas también en plantaciones forestales.
El proceso productivo incluye limpieza, clasificación, lavado, desinfección, secado, molienda y envasado. Para la molienda se desarrolló un molino específico de doble acción, único en el mercado, que permite procesar la vaina de algarrobo de forma eficiente y a bajo costo. El producto final se comercializa bajo la marca MAPIC, en diferentes formatos según el destino.
La harina de algarroba se elabora tanto para consumo humano como animal, y también en fracciones utilizadas en la elaboración de fertilizantes orgánicos. Según indican desde la empresa, en la última década se observa una revalorización del consumo de frutos nativos como el algarrobo, y hay un creciente interés en centros de salud por sus propiedades nutricionales y su condición de alimento libre de TACC.
Este proyecto forma parte del Desarrollo de Iniciativas de Negocios con Naturaleza (DINN), que busca ampliar los puntos de cosecha, mejorar las condiciones productivas y abrir canales comerciales formales que permitan garantizar continuidad, volumen y calidad bajo normas de seguridad alimentaria.
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Hanan Callejas (Fundación Avina): hanan.callejas@avexternos.org
Fuente: Agencia de Noticias InnContext