En los últimos años, el panorama político de América Latina se caracterizó por la volatilidad y una baja sostenida en la aprobación de sus líderes. Sin embargo, el 2024 trajo un cambio inesperado: una notable estabilización en los niveles de apoyo presidencial, principalmente en el rango medio-alto. 

De acuerdo con Imagen del Poder, un monitoreo bimestral de imagen presidencial realizado por el equipo de investigación de Directorio Legislativo, presidentes como Gabriel Boric (Chile) y Gustavo Petro (Colombia) se movieron en rangos del 30% al 37%; Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Luis Lacalle Pou (Uruguay), Lula da Silva (Brasil) y Rodrigo Chaves
(Costa Rica) alcanzaron entre el 40% y 55%, mientras que López Obrador (México), Claudia Sheinbaum (México), Nayib Bukele (El Salvador) y Luis Abinader (República Dominicana) superaron el 60%.

En otras palabras, el piso promedio de aprobación fue más alto en 2024 que en años anteriores y los presidentes que cayeron en los primeros meses de sus respectivos gobiernos no se desbarrancaron, aún en contextos complicados. A principios de 2023, más de la mitad de los presidentes se ubicaban entre los 20 y los 30 puntos, y pocos mostraban capacidad para recuperar el favor popular. Hoy ese promedio está por arriba de los 45 puntos

El último informe de Latinobarómetro, basado en cerca de 20 mil entrevistas cara a cara en 17 países de la región realizadas entre el 23 de agosto y el 9 de octubre de 2024, nos proporciona tres datos clave para analizarlo. Primero, 2024 fue el año de mayor optimismo sobre el futuro de la economía personal y familiar, desde 1995. El 52% de las personas encuestadas respondió que su situación económica personal iba a ser mejor o un poco mejor en los 12 meses siguientes. Curiosamente, esta expectativa sobre el futuro convive con una mirada crítica y preocupada del presente económico del país, solo el 14% señaló que era buena o muy buena.

Segundo, la encuesta confirma que el crecimiento de la aprobación presidencial (20 puntos en promedio) y su estabilización coincide con la curva de la recuperación pos-pandémica. 

Tercero, también vuelve a mostrar una brecha entre la confianza en la figura presidencial (37%) y la confianza en otras instituciones de gobierno (Poder Judicial 28%, Congreso 24% y partidos políticos 17%), a lo que se suma una creciente percepción de que las elecciones no son limpias. Solo en cuatro países más de la mitad de la población cree que lo son. Esta crisis de confianza ha tenido un efecto dispersivo que no solo fue funcional al surgimiento de nuevas figuras en la política, también lo está siendo a su estabilidad en contextos hostiles.

El informe acá.

Para consultas sobre este tema contactar a: 
ftorrecilla@directoriolegislativo.org

Fuente: Agencia de Noticias InnContext

By RG

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